Buenos Aires.

jueves 15 de diciembre de 2011

Expediente 2528-D-2011 Autor Diputado ANÍBAL IBARRA

DENOMÍNASE "PASAJE RODOLFO WALSH" AL ACTUAL "PASAJE RAUCH"

PROYECTO DE LEY


Artículo 1º.- Denomínese “Pasaje Rodolfo Walsh” al actual "Pasaje Rauch”.

Artículo 2º.- Comuníquese, etc.


FUNDAMENTOS

Sr. Vicepresidente 1º:

El denominado Pasaje Rauch del barrio de Almagro, en esta Ciudad, tiene su marco legal en una ordenanza de 1988 que simultáneamente le dio nombre de Santos Discépolo a un pasaje de Balvanera que llevaba –anteriormente- el nombre del mercenario austríaco.

No hay prácticamente investigación histórica, relato objetivo, opinión fundamentada, que pueda rescatar a este prusiano, contratado por Bernardino Rivadavia en 1826, para perseguir y asesinar a los indios ranqueles, y así poder desalojarlos de sus tierras.

Lo que puede confirmar la contratación de un mercenario extranjero, es que su brutalidad sanguinaria no tendría comparable con la vocación asesina de ningún nacional, porque Rauch decía que ni siquiera había que gastar plomo en indígenas, y por eso era tan dado a degollarlos.

En uno de sus partes de guerra, citados por el investigador e historiador Osvaldo Bayer, dice “Hoy, por ahorrar balas, degollamos a 27 ranqueles”. “Primero yo matar a los indios malos y luego a los indios buenos”.

El pasaje de Almagro que por ordenanza de 1988 lleva el nombre de este genocida, desde 1933 se llamó Pasaje Salónica, y desde 1973 hasta la instauración de la dictadura militar mediante el golpe del 24 de marzo de 1976, llevó el nombre de Enrique Santos Discépolo. Fue la dictadura militar la que restituye el nombre de la ciudad griega al pasaje, sin dudas para evitar que perdurara la memoria de ese gran autor y artista popular.

Pero curiosamente, en una rotación de nombres que pudieran no tener ningún significado histórico, cultural o humanista, en 1988 la misma ordenanza que instituyó el nombre de Enrique Santos Discépolo al pasaje peatonal y circular que hoy lleva su nombre, también “trasladó” al barrio de Almagro el recuerdo del coronel Rauch, sin dudas por un motivo de ubicación y salteando el debate histórico que hubiera significado replantear los nombres de genocidas para calles o pasajes porteños.

Rodolfo Walsh, además de intelectual, escritor y militante, se ha destacado por su coherencia y su lucha implacable contra la dictadura genocida instaurada en 1976. Sin dudas, tener que enumerar el aporte de Rodolfo Walsh a la literatura y al periodismo nacional, sería motivo de largas páginas: desde la novela negra a la investigación, el haberse puesto al servicio de la CGT de los Argentinos para editar un diario que jamás se ha vuelto a repetir en los últimos 50 años –junto con escritores como Horacio Verbitsky y artistas como Carpani-, textos antológicos para la literatura argentina –como “Esa mujer”-, sus aportes a América Latina –tanto en la fundación de Prensa Latina, como descifrando los cables secretos de la CIA anteriores a las operaciones de ocupación norteamericana en Playa Girón.

Rodolfo Walsh fue un ejemplo excluyente, como escritor, como investigador, pero sobre todo en su conducta de vida. El primer aniversario de la última dictadura militar, lo encuentra describiendo con detalle minucioso el plan de exterminio que se estaba llevando a cabo en la Argentina.

“Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados. De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras”.

¿Cómo obviar el contraste brutal que existe entre la belleza literaria y la bestialidad del asesino? ¿Cómo hacerlo entre el que denuncia la violación de los derechos individuales y democráticos, y aquél que recibe una paga mensual para asesinar indios ranqueles? Sin dudas hoy, el coronel Rauch estaría asociado con el Tigre Acosta o con el Capitán Astiz, responsables del asesinato y desaparición del cuerpo del escritor y periodista, y asimismo del saqueo posterior de su casa en San Vicente.

El próximo 25 de marzo, se cumplirán 35 años del asesinato de Rodolfo Walsh por un Grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada y la posterior desaparición de su cuerpo. La ciudad de Buenos Aires debe homenajear al reconocido Maestro de Periodistas y creador del género de no-ficción, con su obra “Operación Masacre, un proceso que no ha sido clausurado”. Se trata, también, de reconocer al escritor que la Ciudad premió en 1953, por su obra “Variaciones en rojo” (ganadora del Premio Municipal de Literatura). Lo debe hacer también porque es el símbolo más alto de denuncia a la dictadura más sangrienta y vergonzante que vivió la historia de nuestro país, hasta que una bala asesina acabó con su vida en la Av. San Juan y Entre Ríos.

Por todo esto, Sr. Presidente, creemos que es un acto de justicia cambiar el nombre del actual Pasaje Rauch por el de Pasaje Rodolfo Walsh.

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