DECLÁRASE BIEN INTEGRANTE DEL PATRIMONIO CULTURAL DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES (PCCABA) AL MURAL "LA BENEFICENCIA A TRAVES DE LOS SIGLOS"
PROYECTO DE LEY
Artículo 1°.- Declárase bien integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PCCABA), en la categoría Colecciones y Objetos, según los términos del Artículo 4º inciso h de la Ley Nº 1227, al mural “La beneficencia a través de los siglos” que se encuentra en la Capilla del Divino Rostro, situada en Av. Ángel Gallardo y Leopoldo Marechal, obra del pintor ítalo-argentino Augusto César Ferrari.
Art. 2º- Encomiéndase al Órgano de Aplicación de la citada Ley 1227, implementar los medios necesarios para garantizar la restauración, conservación y puesta en valor del citado mural en el artículo 1º.
Art. 3°.- Comuníquese, etc.
Señor Presidente:
Mediante el presente proyecto se propone la declarar bien integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PCCABA), en los términos de la ley 1227 al mural que se encuentra en la Capilla del Divino Rostro, situada en Av. Ángel Gallardo y Leopoldo Marechal, obra del pintor ítalo-argentino Augusto César Ferrari.
Augusto César Ferrari nació el 31 de agosto de 1871 en un pueblo cercano a Módena llamado San Possidonio. Hijo de un comerciante de vinos, estudió arquitectura en la Universidad de Génova gracias a la ayuda económica de su padre. En 1892 obtiene su diploma y parte a Turín donde ingresa en la Academia Albertina y complementa su formación con el estudio de Estilos Antiguos y Modernos en el Museo Industrial que hoy forma parte del Politécnico. En 1901 Ferrari inaugura una de sus primeras exposiciones, en este caso una muestra colectiva. A partir de esta muestra el joven artista devino en uno de los retratistas preferidos de la nobleza italiana (entre otras colecciones, sus cuadros forman parte del duque Vittorio Emanuelle III y del Duque de Aosta).
En lo que respecta a su formación académica, Augusto Ferrari comenzó a estudiar pintura con el maestro Giácomo Grosso (integrante de la Scuola Torinese di Pittura) quien lo introdujo en la práctica de una técnica conocida como panorama, la cual le permitió desarrollar un estilo propio que al poco tiempo plasmaría en sus trabajos realizados en Argentina. Originarios de Inglaterra, los “panoramas” surgen en el contexto de la Revolución Industrial como una primera forma de llevar el arte a las masas que comenzaban a buscar divertimento y entretenimiento para su tiempo libre. Este nuevo estilo pictórico consistía en telas de gran tamaño (de hasta 1500 metros cuadrados) exhibidas en salas cilíndricas con una plataforma central desde la cual el público contemplaba, en un entorno de 360º, los episodios históricos “narrados” visualmente. Entre la plataforma y la tela -instalada en bastidores contra las paredes curvas de la sala- solían disponerse distintos objetos con el fin de aumentar la sensación de tridimensionalidad, que a su vez se veía reforzado por juegos de luces y música en vivo. Los panoramas han sido un importante antecedente del cinematógrafo ya que fueron concebidos con el objetivo de crear una ilusión de realidad óptica que lograra transportar al espectador al espacio recreado, creando a su vez, una sensación de espectacularidad que impactara profundamente en las masas. Las escenas que se elegían en general consistían en relatos históricos tales como batallas, o vistas de ciudades.
Augusto Ferrari había comenzado a trabajar esta nueva técnica, siendo colaborador de su maestro en obras tales como La batalla de Turín (1906). Luego de esa experiencia, es contratado por la Sociedad “Cine-Films” para realizar un panorama sobre el terremoto que destruyó la ciudad siciliana de Messina en diciembre del 1908. El fresco “Messina Distrutta” fue inaugurado en el Pabellón Circular del Valentino de la Municipalidad de Turín en 1910, consagrando al joven artista como un nuevo maestro del género popular.
En 1914 el reconocido pintor viaja por primera vez a Buenos Aires para realizar en la ciudad del Plata un panorama similar al de Messina Distrutta. El artista se instala en el Convento de los Padres Capuchinos de Nueva Pompeya donde -según las Crónicas del Convento de ese año- pinta numerosos retratos de los sacerdotes así como una copia de la Cena de Leonardo en tela y varios cuadros grandes al carbón en las paredes del refectorio: una Cena, el Abrazo de San Francisco, la Multiplicación de los Panes y la Pesca Milagrosa. Todas estas obras han sido lamentablemente destruidas durante las refacciones que se han realizado en el refectorio. También le fue encomendada la Bóveda de la Iglesia donde pintó cuadros de los Apóstoles y de los evangelistas.
En 1915 el Monseñor Gregorio Romero le presentó a la Presidenta de la Asociación del Divino Rostro de Buenos Aires, Angiolina Astengo de Mitre, viuda de Emilio Mitre, que estaba inaugurando una capilla junto al colegio de la Asociación en el Parque Centenario, ubicado en Av. Patricias Argentinas y Ángel Gallardo (objeto del presente proyecto de ley). Entonces, Ferrari se ofreció a decorar la capilla, sin cargo, con la técnica Bitume graphite, en blanco y negro, descartando óleos y pigmentos por su costo. El principal motivo de la obra es La Beneficencia a través de los siglos. En la cúpula, se representa una dramática interpretación de la impresión del rostro de Cristo en el lienzo de la Verónica y a su lado, la Conversión de Tiberio. Esta obra de arte es prácticamente desconocida por los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.
Augusto Ferrari se estableció en nuestro país donde consolidó su obra y su familia. Entre los numerosos trabajos que realizó tanto en Buenos aires como en el interior del país se destacan también un Panorama de la batalla de Tucumán -de 95 de largo por 11 de altura, del que se conservan sólo fotografías parciales- y las obras de arte realizadas en la Iglesia de San Miguel -ubicada en la CABA, en Bartolomé Mitre y Rivadavia, Buenos Aires- iglesia que fue modificada tanto exterior como interiormente por el artista quien además, había pintado grandes cuadros al incáustico y al aceite para su interior. La iconografía que solía elegir tendía a remitir a los apóstoles y momentos bíblicos vinculados a los valores más nobles del cristianismo, haciendo alegorías tanto de las virtudes como de los vicios. En total pintó 120 cuadros, parte en la iglesia y parte en su taller. Son obra de Augusto Ferrari también varios altares, el diseño del piso y del revestimiento interior de mármol. Esta Iglesia fue una de las incendiadas en 1955 y a Ferrari, en 1957, a los 86 años, le fue encomendada su restauración. Hoy parte de las pinturas se encuentran deterioradas y se está gestionando su restauración. Existen fotografías de buena calidad en blanco y negro de los originales. Sobre esta obra hizo un detallado análisis Estanislao Zevallos, uno de los pocos intelectuales que comprendieron y apoyaron la obra de Augusto Ferrari en nuestro país, quien hizo un encendido elogio a su autor. Se conserva una detallada descripción de los cuadros hecha por su autor y por su esposa.
En 1928 presentó una muestra en la galería Witcomb con 34 cuadros. La prensa publicó varios comentarios y el diario La Nación reproducciones de dos cuadros. Ese mismo año le encargaron un panorama sobre la fundación de Bahía Blanca con motivo del centenario de esa ciudad. Quedan fotografías de todo el panorama. No se ha podido saber de la suerte corrida por la tela de 65 metros de largo por 11 metros de altura.
En las décadas del treinta y cuarenta del siglo XX, pintó frescos y cuadros para las iglesias que construía, en especial, una serie sobre San Francisco de Asís en la Iglesia del Sagrado Corazón de los Padres Capuchinos en Córdoba; en la capilla Nuestra Señora del Huerto y en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced. Continuó alternando su actividad en arquitectura con la pintura haciendo numerosos retratos de amigos y parientes, paisajes, flores y naturalezas muertas, en sus estudios en Villa Allende y en Buenos Aires en la calle Rivadavia 4447, actividad que continuó hasta pocos años antes de su muerte.
Su obra fue puesta en valor en una exhibición organizada por sus hijos en el Centro Cultural Recoleta en julio del 2002. En la misma se exhibieron fotografías, cuadros, y panoramas del artista.
Dada la singularidad y particular valor de la obra artística objeto del presente proyecto de ley, se solicita su inclusión como bien integrante del Patrimonio Cultural de la CABA así como la implementación de los medios necesarios para garantizar su restauración, conservación y puesta en valor por parte del Órgano de Aplicación de la Ley 1227.
Por todo lo expuesto, solicitamos al cuerpo legislativo la aprobación del presente proyecto.